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Los límites de la imaginación

Cuando las grandes obras son en realidad la consecuencia (y no la causa) de ciertas transformaciones sociales

Hablábamos la semana pasada acerce de si los científicos descubren o inventan las leyes naturales. Pero, ¿qué pasa con los escritores? ¿Se inventan realmente las historias? ¿Es posible acaso escribir cualquier cosa?

Dadas todas las palabras que existen en una lengua y las reglas gramaticales para combinarlas, es posible entonces obtener todas las posibles frases, párrafos e historias que pueden ser escritas. Es lo que planteaba Borges en La biblioteca de Babel. Sólo sería cuestión de buscar en ese mar de relatos uno que coincida con la idea que queremos expresar. Sin embargo, ningún escritor trabaja de esta manera; ningún escritor busca su texto entre todos los posibles. Lo que sí hace un escritor es construir o crear su relato buscando las palabras que mejor representan y transmiten una idea, una sensación un sentimiento. El escritor crea a partir de la búsqueda.

De la misma manera, dado un conjunto de axiomas y un sistema lógico es posible enunciar todos los teoremas posibles en dicho sistema (sean estos verdaderos o falsos). Pero por supuesto, ningún matemático coge esta lista y se pone a demostrar la veracidad o falsedad de estos teoremas uno por uno. El matemático parte, en general, de una intuición; asume que una dada proposición es verdadera (o falsa) en intenta construir una demostración buscando para ello los pasos lógicos que más lo acerquen a la resolución del problema. Escritores, científicos, matemáticos, trabajan todos de manera más o menos parecida: parten de una intuición y luego buscan el lenguaje más apropiado para desarrollarla.

Sin embargo pareciera que existe una diferencia fundamental entre escritores y científicos: los primeros pueden inventar cualquier cosa, pero los segundos no. Pero, ¿es esto realmente así? Si bien es cierto que la verosimilitud (lo que hace creíble un relato) es menos estricta que la verificación empírica (que es lo que hace creíble una teoría), esto no implica que los escritores puedan inventar cualquier cosa. Todo relato es concebido en un contexto; parte de determinado entorno intelectual, social y cultural y desde allí va construyendo su recorrido. Los mejores relatos se apartan de los lugares comunes, de las ideas establecidas, de los usos y costumbres de su entorno. Sin embargo, tampoco pueden apartarse demasiado porque entonces podrían caer en la incomprensión o, peor aún, en el ridículo. Pero supongamos por un momento que existe un escritor al que no le importan en lo más mínimo la incomprensión y el ridículo; aún así podría escribir cualquier cosa. La respuesta es NO. Ni el escritor más creativo podría haber imaginado hace dos mil años los teléfonos móviles; o hace trescientos años los derechos civiles de negros o mujeres; o hace cien años internet. Simplemente estos conceptos no pertenecían a su imaginario; ni siquiera se acercaban a lo que podía ser imaginado. Ninguna persona, ninguna sociedad, puede pensar más allá de su imaginario. Y esto también vale para la ciencia. No han sido pocas las personas que a lo largo de la historia han logrado importantes resultados científicos y matemáticos, y luego los han descartado sólo porque entonces no cabían en su imaginario. Se habían topado con los límites de la imaginación.

A veces creo que las grandes obras (de artistas, científicos o escritores) son en realidad la consecuencia (y no la causa) de ciertas transformaciones sociales. Es como si en un dado momento histórico, bajo ciertas condiciones culturales e intelectuales, el siguiente paso natural estuviese delimitado de alguna manera: el cubismo, la relatividad o el monólogo interior fueron una consecuencia «natural» del desarrollo intelectual y cultural de la época en la que surgieron. Y no hablo aquí de determinismo histórico, el azar y la contingencia juegan un papel muy importante en este desarrollo. Simplemente digo que, quizás, bajo ciertas circunstancias, las diferentes soluciones converjan hacia lo que luego denominamos las grandes obras de la humanidad.


* Fotografía de Erik Johansson

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