Literatura Neurociencia

Todos los Funes

Sin lugar a dudas el más famoso de los hermanos Funes fue Ireneo Funes, el memorioso. Aquel joven uruguayo que, tras un accidente con un caballo, podía recordar absolutamente todo. Según Borges, Funes

Sabía las formas de las nubes australes del amanecer del treinta de abril de mil ochocientos ochenta y dos y podía compararlas en el recuerdo con las vetas de un libro en pasta española que sólo había mirado una vez y con las líneas de la espuma que un río levantó en el Río Negro la víspera de la acción del Quebracho. 

La memoria de Ireneo era absoluta, y todos recordamos el relato de Borges; pero la historia no acaba allí. Ireneo tenía otros tres hermanos cuyas extraordinarias virtudes podrían dar lugar a otros tantos cuentos o tal vez a una saga. Paco, el menor, creía que las ideas y los recuerdos yacían en las cosas. Es por esta razón que le resultaba imposible continuar una conversación fuera del ámbito en el cual había comenzado. En algunas ocasiones llevaba consigo algún objeto, o tan sólo una fotografía, que le permitiera conservar la idea que estaba desarrollando. (Esto no es broma; me ha ocurrido en varias ocasiones pasar de una habitación a otra y olvidarme inmediatamente de lo que estaba pensando. Luego, he tenido que volver a la habitación original, ponerme más o menos como estaba y entonces, con un poco de suerte, la idea volvía. Pero no estamos hablando de mí, sino de los hermanos Funes.) Pedro, el segundo de los Funes, tenía un sentido de la memoria particularmente interesante. No sólo recordaba algunos hechos, como cualquiera de nosotros, sino que junto con ellos revivía plenamente las emociones que los habían acompañado. Era normal verle reír o llorar copiosamente al relatar ciertos hechos. Era como si estuviese actuando un papel que no había elegido y que no podía dejar de representar. Su caso, aunque sorprendente, no deja de ser un tanto triste. Los recuerdos venían inexorablemente acompañados de las emociones asociadas. Esto le impedía definitivamente repensar sus actos, repensar su historia. Estaba, como todos, condenado a su pasado, pero de una manera distinta. Claramente no hay teoría psicoanalítica que pueda con eso. Distinto era el caso de Juan, el mayor de los cuatro hermanos, que revivía vívidamente sus recuerdos pero con las emociones que él hoy le asignaba a los mismos. Así, era muy interesante verle contar una y otra vez cierta historia pero con un enfoque totalmente diferente; ver cómo, donde antes lloraba a mares ahora reía a carcajadas. Pedro y Juanneran como la antítesis de los actores (una especie de anti-actores o contra-actores); contaban de manera totalmente desapasionada cualquier situación inventada o futura, pero actuaban dramáticamente cada uno de sus recuerdos, de dos maneras distintas, pero ambas totalmente involuntarias. ¿Acaso no os ha pasado algo de esto a vosotros?

 

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Escribí esta suerte de disparate acerca de los hermanos Funes en 2004 y luego abandoné el texto que quedó definitivamente en el olvido. Años más tarde, ya en 2012 y a cargo del Programa Mestizajes, propuse una iniciativa llamada Escritores en Residencia por la que un escritor vendría a trabajar a nuestro centro de investigación para explorar las relaciones entre Literatura y Ciencia. Tras lanzar una convocatoria internacional, el escritor seleccionado ha sido Eduardo Berti, a quien yo no conocía por aquella época. Decidí entonces ponerme al día y compré un libro suyo para conocer mejor su estilo y su mirada del mundo. Fue así como di por casualidad con un libro con un título muy tentador (para un amante de Borges): Todos los Funes (un libro que me ha parecido estupendo). En aquel momento tampoco me acordé de mi texto acerca de los hermanos Funes. Ya una vez en contacto con Eduardo, le comenté que en 2004 (el mismo año en que se publicó Todos los Funes) yo había garabateado un pseudo ensayo acerca de otros Funes. ¿Casualidad? Es muy probable; su novela y mi borrador de ensayo van por caminos distintos y se parecen sólo en (parte d)el título y en la idea de varios Funes. Pero lo que seguramente no es casualidad es que Borges publicara Funes, el memorioso en 1944 y unos años más tarde Alexander Romanovich Luria (antecesor de Oliver Sacks) publicara un caso clínico titulado Pequeño libro de una gran memoria. La mente de un mnemonista. Otro interesante caso de descubrimientos simultáneos en Literatura y Ciencia. Pero de esto… ya hablaremos en otro post.

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1 comment on “Todos los Funes

  1. Los que sueñan que soñaban que soñaban que soñaban… recorren, me parece, las mismas veredas en sus sueños.
    https://elmundodefacundo.wordpress.com/2013/12/22/la-mujer-que-lo-entendia-todo/

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