Arte y Ciencia Epistemología

Encontrar, descubrir, inventar…

Sólo se puede encontrar lo que sabemos que existe; sólo se puede descubrir lo que no sabemos que existe; y sólo se puede inventar lo que aún no existe.

… otra vez encenderé un cigarrillo para que me acompañe
mientras me pierdo en los salones y los ascensores,
buscando vagamente algo que ignoro
y que no quisiera encontrar.
Julio Cortazar

 

Tenemos una tendencia bastante infantil a simplificar de manera excesiva la realidad. En nuestra obsesión clasificatoria-dualista (que aunque suene pomposo no deja de ser simple) nos empeñamos en asignar a cada actividad humana una y sólo una etiqueta. Solemos creer que el buscador, encuentra; el científico, descubre y el artista o el escritor, inventan. Sin embargo, todo es mucho más rico y complejo. El artista, en su proceso de creación, puede estar buscando una forma para expresar sus deseos y en esa búsqueda descubrir un lenguaje nuevo. El científico, por su parte, necesita formular (inventar) hipótesis que le permitan descubrir nuevas propiedades del mundo (que sólo serán válidas mientras lo sean las hipótesis) y que propicien el encuentro de nuevas partículas y nuevos atributos. Al fin y al cabo, sólo se puede encontrar lo que sabemos (creemos) que existe; sólo se puede descubrir lo que no sabemos que existe; y sólo se puede inventar lo que aún no existe. Todo acto creativo requiere de un apropiado equilibrio entre descubrir, inventar y encontrar. 

A veces, pocas veces, el trabajo creativo se puede planificar. Sin embargo el instinto de exploración, esa búsqueda insensata de algo que no se sabe ni qué es ni si existe, acaba muchas veces creando algo nuevo. Generalmente, son estas búsquedas no planificadas, guiadas más por una pulsión interior que por un deseo consciente, las que suelen generar las grandes transformaciones. La investigación más predecible se basa en buscar algo que creemos que existe como el bosón de Higgs o las ondas gravitacionales. Esto no significa que sean búsquedas triviales o inútiles; pero suelen consolidar el paradigma hegemónico en lugar de transformarlo. La investigación más interesante consiste en no tener muy claro qué estamos buscando y en estar lo más atentos posible a cualquier acontecimiento inesperado o a cualquier jugarreta del azar. Así ha ocurrido con Alexander Fleming y la penicilina, Jocelyn Bell y los pulsares o Kurt Gödel y sus teoremas de incompletitud. Ninguno de ellos estaba buscando lo que finalmente ha descubierto.

El azar es el gran artífice de las más importantes transformaciones. Pero para ello necesita toparse con mentes brillantes. Sin azar, la investigación se vuelve mecánica; y sin espíritus preparados, el azar sería tan sólo ruido cósmico de fondo. Esto no significa, ni mucho menos, que haya que sentarse a esperar a que algo ocurra. Pero sí implica que es conveniente (y altamente rentable) buscar conexiones improbables, relaciones inesperadas, hibridaciones imposibles. Sólo así ocurrirá lo imposible. 


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