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¿Es arbitrario el signo lingüístico?

Raíces biológicas y evolutivas del significante

Nuestro antropocentrismo nos sigue jugando malas pasadas. Así como no estamos en el centro del universo ni somos la especie elegida, tampoco son creaciones exclusivas de la mente humana muchas de las cosas que sí creíamos que lo eran. La semana pasada hablábamos acerca de las raíces biológicas y evolutivas de la matemática; aquel producto que considerábamos una creación exclusiva de nuestra mente racional. Hoy vamos a hablar acerca del origen de las palabras; o más precisamente acerca del origen de los significantes (de aquellos sonidos o signos que nombran cosas, ideas o conceptos). O más precisamente aún, acerca de los profundos arraigos biológicos y neurológicos de algunos significantes.

La teoría lingüística tradicional propuesta por Saussure dice que los significantes son completamente arbitrarios y que no guardan ninguna relación con la cosa (idea o concepto) a la que hacen referencia. Evidentemente, podemos asignar cualquier significante a cualquier cosa, idea o concepto. Aunque nada nos impide llamar “lpoik” al hecho de escribir un post, resulta más verosímil denominarlo “postear”. De la misma manera, hay palabras que resultan naturalmente más adecuadas para un dado concepto que otras. Un conocido ejemplo es el de bouba y kiki: ¿A cuál de estas figuras llamaríais bouba y a cual kiki? [Responde antes de seguir leyendo]

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Más del 95% de las personas (incluidos niños de menos de tres años) asignan el nombre de kiki a la figura puntiaguda y bouba a la redondeada (otra versión de este experimento se denomina takete-maluba ¿sabes cuál es cuál?). Este experimento sugiere que el cerebro humano de alguna manera “conecta” información visual y auditiva y por lo tanto el nombramiento de los objetos (el significante) no es completamente arbitrario. No es que no pueda ser arbitrario; nada nos impide llamar kiki a la figura redondeada, pero debemos tener en cuenta que en casos muy simples el cerebro nos propone una solución común para la mayor parte de las personas. Otra observación interesante es el hecho de que utilizamos la parte posterior o delantera de la boca para referirnos, respectivamente, a lo que está cerca (aquí – here, cerca – near ) o lejos (allá – there, lejos, far).

Honestamente, no me imagino a los primeros Homo sapiens sentados alrededor del fuego dentro de una cueva poniéndose de acuerdo acerca de las cosas y sus significantes. Algo así como una gran asamblea en la que se decide: esto se va a llamar palo, esto piedra y todo esto cueva. No puedo creer que Saussure hubiese imaginado una escena semejante. El lenguaje tiene un origen biológico, neurológico, evolutivo; es razonable imaginar que los primeros significantes habrán sido sonidos simples (monosilábicos), luego sonidos compuestos por dos fonemas y así sucesivamente. Por momentos parece que nos olvidamos de que somos animalitos y que el lenguaje no nos fue implantado en el cerebro una cálida noche del pleistoceno. El lenguaje (y con él las palabras, la sintaxis, etc.) tiene que tener necesariamente un origen biológico más allá de que después, combinado con otras capacidades cognitivas, eso se pueda desarrollar hasta crear poesía, literatura o ciencia. El significante no es ni completamente arbitrario ni está biológicamente determinado; como en todo problema complejo, la solución estará en algún punto intermedio que dependerá de cada caso en particular. Es cierto que no podemos reducir Shakespeare a la biología, pero sí tiene que estar anclado en ésta. Me consta que los buenos escritores escuchan al cuerpo a la hora de escribir. Y eso se nota y se agradece.

3 comments on “¿Es arbitrario el signo lingüístico?

  1. Pingback: Palabras inventadas – Arte, Literatura y Ciencia

  2. Benigno Moreno Vidales

    Que tienes razón, pero la cuantificación es la clave.
    Las onomatopeyas por el sonido semejante, por la suavidad de la forma (fonética y visual, como Kiki y Bouba, con cierta sinestesia, que es otra variante), son pequeñísima cantidad frente a la propuesta de Saussure, que estoy casi seguro supera el 95% de los casos. Otro criterio es el de los nuevos idiomas, el esfuerzo de aprendizaje del léxico nuevo es directamente proporcional a las diferencias en sus raíces, sufijos (lenguas latinas, sajonas; o el vasco que dicen originaria del sánscrito, y no digamos con alfabetos distintos como el lenguaje cirílico o la lengua arabe, distinguiendo habla y escritura, o simbólicamente con un alfabeto de ideogramas, como el chino y el japonés).
    En “pro”, decir que la gramática generativa de Chomsky es universal y común, pero mucho más allá del significante y significado.

    Saludos.

    • Gracias, Benigno, por tu aporte. Estoy de acuerdo contigo. La idea era mostrar que en algunos casos existe un anclaje biológico para los significantes. De hecho, las lenguas tuvieron que surgir necesariamente de ese anclaje biológico. Luego sí podemos inventar significantes; pero aún así, creo que algunos funcionarán mejor que otros. Seguimos. G/

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