Continuando con nuestra saga de grandes pensadores, vamos a disfrutar en este post de las brillantes reflexiones de Virginia Woolf acerca de la manera en que percibimos el mundo, del proceso creativo y de las formas de la narrativa moderna. La sagacidad y agudeza del pensamiento de Virginia Woolf hacen que este ensayo, escrito en 1925, tenga todavía plena vigencia.

[…] Examinemos por un instante una mente corriente en un día corriente. La mente recibe un sinfín de impresiones: triviales, fantásticas, evanescentes o grabadas con afilado acero. Llegan de todos lados, una lluvia incesante […] y al caer, al tomar forma como la vida del lunes o el martes, el acento recae de modo distinto que antaño; el momento de importancia no venía aquí sino allí; de manera que si un escritor fuera un hombre libre y no un esclavo, si pudiera escribir lo que quisiera, no lo que debiera, si pudiera basar su obra en su propia sensibilidad y no en convenciones, no habría entonces trama, ni humor, ni tragedia, ni componente romántico ni catástrofe al estilo establecido, y quizá ni un solo botón cosido como lo harían los sastres de Bond Street. La vida no es una serie de lámparas de calesa dispuestas simétricamente, la vida es un halo luminoso, una envoltura semitransparente que nos recubre desde el principio de la conciencia hasta el final. ¿No es el cometido del novelista transmitir este espíritu cambiante, desconocido e ilimitado, cualquiera que sea la aberración o la complejidad que pueda mostrar, con tan poca mezcla de lo ajeno y lo externo como sea posible? No estamos simplemente suplicando coraje y sinceridad; estamos sugiriendo que la materia prima adecuada de la narrativa difiere un poco de lo que la costumbre pretende que creamos.

Y en otro pasaje del ensayo Virginia Woolf se plantea:

El escritor parece constreñido no por su libre albedrío, sino por algún tirano poderoso y sin escrúpulos que lo tiene cautivo para que ofrezca una trama, humor, tragedia, el componente romántico y un aire de verosimilitud que embalsama el conjunto tan impecablemente que si todas sus figuras cobraran vida, se encontrarían vestidas hasta el último botón de sus abrigos a la moda del momento. Se obedece al tirano; la novela se hace a la perfección. Pero a veces, cada vez con mayor frecuencia a medida que pasa el tiempo, sospechamos que hay una duda momentánea, un arrebato de rebeldía mientras las páginas se llenan como de costumbre. ¿Es así la vida? ¿Deben ser así las novelas?

Es sorprendente que hace casi 90 años Virginia Woolf ya se estaba preguntando acerca de la subjetividad del pensamiento, alertando acerca de los caprichos de la conciencia e iniciando de alguna manera el debate contemporáneo acerca de la relación entre ficción y realidad. Influenciada por las ideas de Freud y Nietzsche, Virginia Woolf nos propone una realidad de la conciencia y de la vida mucho más vasta y más compleja de lo que las convenciones determinan.


2 comments on “La narrativa moderna

  1. Me encanta lo que escribe aquí Virginia Woolf. Me subyuga cómo lo escribe. Y creo que adelanta a Joyce en sus reflexiones.

    De todos modos, la escritura me parece una búsqueda de un canal de comunicación. Al menos en la narrativa, la poesía tal vez sea diferente. Pero cuando escribimos narrativa hay algo que queremos contar. Y queremos que llegue, que se entienda. Y por eso al final, escribir tiene mucho de pedagogía. Es decir, qué herramienta uso para que el mensaje llegue. Y por eso cuesta tanto ser innovador. Porque la mayor parte de la sociedad entiende en base a unos códigos que el sistema se esfuerza en perpetuar. Hallar el equilibrio entre innovar y no traicionar los códigos hasta el punto de ser ininteligible es la tensión creadora de algunas autoras/es. Otras, otros, por el contrario, se pliegan y tratan de hacerlo lo mejor posible dentro de ese código. La innovación es necesaria. La maestría también.

    • Ana, muy interesante tu reflexión. Sin embargo discrepo en un punto: ser innovador (sobre todo en arte) significa que no vas a agradar a (casi) nadie… es así por definición; y hay miles de ejemplos al respecto. Está la soledad del poder… y también la soledad del creador. Es necesario un cierto tiempo para que la comunidad pueda entender y aceptar una nueva propuesta artística (lo mismo ocurre en ciencia). Tras la incomprensión de sus amigos, Picasso expuso Les demoiselles d’Avignon recién 9 años después de haberlo pintado. Y cosas similares han ocurrido con Einstein y con tantos otros. Un abrazo, G/

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