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La longevidad de los textos literarios

Pareciera haber una relación directa entre la longitud de un texto y su esperanza de vida (literaria). Los tweets, por ejemplo, están condenados a ser olvidados en (digamos) segundos. Una entrada de un blog o una noticia del periódico puede que sea recordada durante un par de días. Un cuento, puede que lo recordemos hasta algunos meses después. Y finalmente la novela, la longeva de la familia, suele tener el privilegio de la memoria. Los textos largos suelen permanecer por más tiempo en el inconsciente colectivo. Por supuesto que siempre existen excepciones, como a cualquier regla que se precie de serlo, pero en general suele ser bastante así. El problema no es menor, si consideramos que en muchas culturas (sobre todo en la occidental) la jerarquía de un texto suele identificarse con su longevidad. ¿Existe alguna lógica para este comportamiento de los textos (literarios)? Me animo a arriesgar dos hipótesis (y espero las vuestras en los comentarios).

La primera tiene que ver con la información. Es probable que la causa radique en el contexto. Todo texto requiere de un contexto para ser comprendido, para que adquiera significado. En las grandes novelas, gran parte del contexto está en el texto, en la novela misma. A medida que descendemos en la longitud del texto, la cantidad de contexto en el texto disminuye y éste debe ser aportado por el lector, la época, las circunstancias, la actualidad, las modas, etc. Las noticias periodísticas o las entradas de los blogs suelen referirse a temas de actualidad y por lo tanto el lector puede fácilmente completar el contexto. En el caso extremo de los tweets, además de la actualidad, el contexto está determinado por como viene la “conversación” o qué dicen los tweets aledaños. Pareciera que la suma de texto más contexto tuviese que ser constante. Una especie de principio de conservación de la información.

La segunda hipótesis tiene un carácter biológico. Existe una curiosa analogía entre el tamaño de los textos literarios y el de los seres vivos en su relación con la longevidad. En el caso de los animales (en particular los mamíferos) el tamaño tiene también una relación directa con la esperanza de vida. Los animales grandes viven más que los pequeños. Más curioso aún, el corazón de los animales grandes late más despacio que el de los pequeños de modo que la cantidad de latidos de un corazón a lo largo de la vida es más o menos la misma para todos los mamíferos. Así, los tweets serían los hamsters del mundo literario; pequeños animales hiperquinéticos que corretean sin cesar por todo el ciber-espacio. Los post o las noticias del periódico serían como gatos, los cuentos caballos y las novelas elefantes o ballenas. Esta curiosa analogía me recuerda a la de los genes y los memes; pero eso es tema para otro post.

Sea por la razón que sea, hay textos que están destinados a vivir más que otros. Y para bien o para mal nos ha tocado vivir en una época donde abundan textos con una alta tasa de mortalidad infantil. ¿Es posible pensar que el criterio para determinar el canon literario puede mutar a, digamos, asociar la jerarquía al número de lectores o a la cantidad de retweets? ¿Puede decidirse el canon de manera democrática? El debate está servido.


 

8 comments on “La longevidad de los textos literarios

  1. Me ha encantado el post y la asociación con animales..

    Aporto mi teoria..

    Las novelas requieren de tiempo y se leen adquiriendo un contexto y dándole un contexto. Me estoy refiriendo por supuesto a las grandes novelas..a esas que dejan huella y luego dejan resaca lectora, esas novelas impregnan el entorno y la época en la que las lees y te dejan más recuerdo. Recuerdas la primera vez que leiste Crimen y Castigo o Madame Bovary o Cien Años de Soledad..creo que eso también contribuye a su recuerdo.

    La memoria de las novelas también va asociada al aspecto físico del libro, el peso, el olor, la estanteria donde lo tenias antes de leerlo y donde lo ves al terminarlo…cada una es distinta.

    los tuits son todos iguales…por eso es más complicado recordarlos.

    Muy buen post.

    Saludos

    • Gracias @molinos1282 por tu comentario y tu aporte. Es cierto, el tacto y (sobre todo) el olor son grandes estimuladores del recuerdo. Los libros no son sólo texto; son texturas, colores, olores, peso, incomodidad, etc. Pero son también el momento y el lugar dónde los lees. Las características físicas del libro son precisamente las que lo distancian del libro electrónico; ¿qué diferencia puedes percibir en un Kindle entre la primera edición de Crimen y Castigo y La Muerte de un Viajante o la última edición de Ficciones? Gracias de nuevo por tu teoría (y por el tweet (aunque sea efímero)). Un saludo, G/

  2. Buen post, además de curioso y entretenido, como siempre.

    Ya se ha apuntado por ahí: la longevidad de las novelas debe radicar en que con ellas pasamos más tiempo, nos encariñamos durante días (quizá meses) para después ocupar un espacio en nuestra memoria mayor que el de un cuento, un relato, una entrada o un tweet.

    Y por poner un contra-ejemplo a tu teoría de carácter biológico: http://es.wikipedia.org/wiki/Proteus_anguinus El proteo, un curioso animal del este de Europa. Llega a vivir hasta 70 años, y eso que es muy pequeñito. Es, quizá, la excepción que rompe la regla, como son esos pequeños cuentos más longevos que novelas.

    Diego

    • Gracias Diego por tu comentario. Otro contra-ejemplo son las tortugas; aunque en éstas el ritmo cardíaco es bastante lento. Quizás lo correcto sea decir que el ritmo cardíaco lento garantiza la longevidad (y que, en general, los animales grandes tienen ritmo cardíaco más lento). Pero incluso así la analogía sigue siendo interesante: las novelas suelen tener un ritmo más lento que los textos cortos. Un abrazo, G/

  3. Me parece completamente legítimo asociar la longevidad de los textos literarios con su permanencia en la memoria (colectiva o individual). Sin embargo es un parámetro importante, pero no el único.
    Los poemas, las máximas, los proverbios y los refranes son textos breves que permanecen tenaces en nuestra memoria, y lo más curioso, en su integralidad. Eso se debe al papel que juegan en la educación, su oralidad, la rima…
    Un texto tiene una predisposición a leerse o no muchas veces. Difícilmente encontraremos a personas habiendo leído dos o tres veces Guerra y Paz, pero cuántas veces leemos nuestros poemas favoritos. Jean de La Fontaine ha quedado por sus fábulas; Voltaire fracasó en muchos de sus textos largos –Zaïre era su “obra maestra”- y dejó a la posteridad cuentecillos humorísticos de salón (Zadig, Micromegas o Candide). ¿Y qué decir de los cuentos de Perrault, Andersen o de los hermanos Grimm?
    Luego, siempre juega un papel importantísimo la calidad de un texto.
    Al fin y al cabo recordamos las cosas por el tiempo que convivimos con ellas, como dice Diego, pero también por lo que nos marcan, aunque sea un instante. De repente pasa un relámpago en el cielo. Cae una maceta de un balcón. Y ese es el Sur de Borges, La quiebra de Fitzgerald o La metamorfosis de Kafka. “La novela gana siempre por puntos, mientras que el cuento debe ganar por knock-out”, dijo Cortázar.
    En nuestra memoria permanecen las tardes pasadas en casa de nuestra abuela, pero también la primera vez que vimos una porno, nos pegaron un puñetazo o contemplamos un cadáver.

    Aun así estoy completamente de acuerdo que las grandes novelas marcan épocas en nuestras vidas. La longevidad es una razón importante.

    • Precisamente el otro día discutíamos en twitter con @rdmuino este mismo tema y arribamos a conclusiones similares. En el caso de los proverbios, refranes o aforismos, el recuerdo está más asociado con la repetición sistemática de una frase, con la capacidad de síntesis de una idea compleja en pocas palabras y (como tu dices) con su papel en la educación. En el caso de la poesía, el recuerdo se refuerza por la existencia de una rima o de un ritmo. Lo que sí está claro, y ya varios coincidimos con eso, es que “al fin y al cabo recordamos las cosas por el tiempo que convivimos con ellas”. Y si tenemos la suerte de poder elegir, elijamos convivir con cosas que valgan la pena. Un abrazo, G/

  4. El tema que tratas en tu entrada me parece muy interesante: cómo determinar un canon, concretamente el literario. El asunto de “lo clásico” siempre resuena en nuestra cultura refiriéndonos a obras que permanecen en el tiempo y que resuenan durante mucho tiempo. Pero, como ya se ha dicho, no sólo es el número de lectores o el tiempo de duración el que marca la naturaleza de un clásico. También lo es el mensaje, las preguntas y respuestas que otorgue a cuestiones fundamentales de la existencia.
    Creo que vivimos en un tiempo acelerado, de gran velocidad en la producción cultural. Las redes sociales como Twitter dan muestran de ello. Y creo que ahora es más difícil que nunca determinar un canon, establecer “clásicos”.
    Me ha parecido muy interesante tu blog. Te enlazo en el mío.

    Saludos.

    • Gracias por tu comentario (y por el enlace). Está claro que el tiempo (si bien es un factor importante) no puede ser determinante. Existen (o han existido) tradiciones ancestrales que más vale no recordar (o no perpetuar). El tiempo suele cribar; pero también suele asentar y consolidar. En cuanto a cómo establecer hoy un canon literario coincido contigo: no es sencillo. Pero en cualquier caso no creo que pueda hacerse a través del número de lectores de un texto. Un abrazo, G/

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