Literatura Viajes

Provocación y estupidez

En cualquier caso se trataba de un acto de provocación a la vez original y grotesco. O al menos yo lo consideré así. Pero ¿quién puede sostener semejante provocación? Porque si hay algo que no es sencillo es sostener una provocación. El hombre que acababa de entrar en el restaurante tenía unos bigotes (a falta de un nombre mejor) que le enmarcaban la cara y unas gafas que le enmarcaban los ojos. Los bigotes (o lo que eso fuera) unían las comisuras de la boca, donde una cantidad abundante y desordenada de pelo entre gris y canoso se iba afinando y ordenando, con ambas sienes; y no estaba claro si era pelo largo bajando hasta los labios o bigote descomunal subiendo hasta las sienes. Claramente no podía tratarse de un imbécil que decidió dejarse crecer el bigote. Los imbéciles provocan con objetos de consumo (coches, ropa, tatuajes, joyas, tatuajes, ropa, coches) que sólo pueden provocar a otros imbéciles. Las provocaciones relacionadas con objetos de consumo son tan obvias, tan pobres, que sólo se sostienen con dinero.

Para el resto de las provocaciones, para aquellas que realmente cambian nuestra manera de ver el mundo, se necesita algo detrás que permita sostenerlas más allá de una noche, de un día, de un primer encuentro; y cuanto mayor sea la provocación más tiene que haber detrás que permita sostenerla. Si a algún imbécil se le hubiera ocurrido pintar Les demoiselles d’Avignon, o decir que el tiempo transcurre más despacio si nos movemos muy rápido, o sugerir que el hombre y el chimpancé pertenecen a la misma especie, o proclamar que los negros o las mujeres tenían derecho a votar, no habría tenido cómo sostener semejante provocación. Podemos decir entonces que la provocación (cuando puede ser sostenida) no es un acto espontáneo e irreflexivo sino el producto de un largo y profundo proceso de maduración que permite sostener la provocación. El exabrupto, en cambio, la provocación no sostenible, está más relacionado con la estupidez. Pero volviendo a nuestro amigo de los bigotes quizás el imbécil fui yo, que me dejé impresionar por unos pelos un poco (¿un poco?) más largos de lo habitual, por una ingeniosa y burlesca provocación. Quizás creí, quizás quise creer, que debía haber detrás de esos bigotes algo interesante que justificara semejante provocación. No lo sé. Quizás sea todo una fantasía mía. Quizás no.


 

3 comments on “Provocación y estupidez

  1. Una verdadera provocación es la fundada en un conocimiento consolidado que da la seguridad y la confianza para mantenerla. Una provocación de verdad es que la que consigue que los demás, los otros, se planteen cosas nuevas incluso aunque no quieran.

  2. No sé si se trata de una reflexión o de un relato, pero me he hecho sonreír igualmente.

  3. Pingback: PROVOCACIÓN Y ESTUPIDEZ | Esther Zorrozua

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