Arte y Ciencia Epistemología Historia

Los azarosos caminos del conocimiento

Porque lo cierto es que detrás de toda gran idea hay siempre una gran historia.

¿Quién inventó la perspectiva? ¿Fue un artista, un pintor, un científico? ¿Cuándo se inventó? Ponerle fecha y nombre a la invención de la perspectiva (o de cualquier otra cosa) no refleja más que el absurdo intento de reducir la compleja gestación de una gran idea a un simple acto de inspiración de una sola persona en un momento dado. Es la cultura del exitismo. Pero lo cierto es que detrás de toda gran idea hay siempre una gran historia. Hablaremos hoy de una historia antigua, de tiempos en los que la Ciencia y el Arte no eran disciplinas aisladas; una historia acerca de personas que pensaban, que disfrutaban pensando y que no se preguntaban si hacían arte o ciencia. Una historia acerca de cómo cuando todo el saber converge en una misma idea, esa idea transforma radicalmente nuestra manera de ver el mundo. Una historia de más de cuatro siglos, de varias culturas y de unos cuantos personajes.

Se suele atribuir la invención de la perspectiva lineal, también conocida en Italia como “construzione legittima”, a Filippo Brunelleschi. Hacia 1413 Brunelleschi demostró los principios básicos de la perspectiva tal como la conocemos hoy día. Pero la historia de la invención de la perspectiva (como casi cualquier historia interesante) hunde sus raíces en las arenas movedizas del tiempo y recorre las más diversas geografías y culturas. Resulta que un contemporáneo de Brunelleschi, Lorenzo Ghiberti, había desarrollado ya algunas ideas estéticas relacionadas con la perspectiva basándose en una reciente traducción italiana de un libro titulado Deli Aspecti (en latín: De aspectibus o Perspectiva). Pero hete aquí que el librito en cuestión, en su versión original, se titulaba Kitab al-manazir y había sido escrito por (lo que hoy llamaríamos) un físico y matemático persa, llamado Abū Alī al-Ḥasan ibn al-Ḥasan ibn al-Haytham (Alhazen para los amigos), hacia el año 1021. Este científico persa (que hoy no pasaría el control de seguridad de ningún aeropuerto) hizo contribuciones fundamentales en el campo de la óptica, la física, la astronomía, la matemática y la percepción visual entre otros. Alhazen también escribió importantes comentarios sobre las obras de Aristóteles, Ptolomeo y Euclides (que el mundo árabe heredó de la Grecia clásica y) que luego serían recogidos en la Europa medieval. En particular, sus trabajos en el campo de la óptica no sólo han contribuido al desarrollo de la perspectiva en la pintura Renacentista sino que también han permitido zanjar ancestrales disputas entre euclideanos y aristotélicos acerca de la naturaleza de la visión y de la luz. Esta gran carambola cósmica del conocimiento ha permitido que finalmente otros dos italianos, Leon Battista Alberti y Piero della Francesca desarrollaran y mejoraran la técnica propuesta por Brunelleschi. ¿Cómo ponerle entonces fecha y nombre a la invención de la perspectiva?

Y sin embargo la historia oficial se encargó de atribuir la invención de la perspectiva a la efervescencia cultural de la Italia del Renacimiento; a la inspiración de un grupo de artistas en ese hervidero de ideas que era la Florencia del Siglo XV. Pero la historia oficial no suele recordar los procesos, los azarosos caminos del conocimiento, los aportes de otras culturas, la compleja constitución del imaginario colectivo. Sólo se limita a establecer fechas de invención; igual que en los productos de consumo: “Fabricado en China. Fecha de fabricación 13/07/2012. Fecha de caducidad 13/07/2013.” La historia oficial se limita a exacerbar el heroísmo y la genialidad, se preocupa de buscar titulares: “Tras una terrible resaca, Picasso pinta las Damiselas de Avignón”; “Einstein desarrolla la Teoría de la Relatividad en un aburrido viaje en tren”; “Completamente borracho, Pollock se dedica a chorrear pintura sobre una tela”. Quizás, si hiciésemos más hincapié en los procesos que en los resultados, tendríamos una sociedad menos exitista y más propensa a valorar y apostar por el desarrollo de nuevas ideas.


 

1 comment on “Los azarosos caminos del conocimiento

  1. Pingback: ¿El problema del origen o el origen del problema? – Arte, Literatura y Ciencia

Y tú... Qué opinas?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: