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Vendedores de humo

¿Podemos sentar a debatir a un payaso y a un científico?

Hace ya algún tiempo me invitaron a participar en el Congreso que organiza El Ser Creativo en Madrid cada año. Como defensor del mestizaje, de la transdisciplinariedad y de la apertura hacia lo otro, estaba encantado de participar en un debate en el que se mezclaban personas de diferentes ámbitos y con diferentes ideas. Estaba expectante y deseoso de conversar con los otros invitados y de intercambiar ideas y opiniones. Pero como suele ocurrir muchas veces, la realidad no se pareció en nada a las expectativas. ¿Vale cualquier mezcla? ¿Podemos combinar en un debate a personas con registros y propósitos diametralmente opuestos? Si bien es cierto que este tipo de eventos requieren de una dinámica especial, no está tan claro que cualquier combinación permita lograr esa soltura y ese desenfado que se buscan. ¿Podemos sentar a debatir a un payaso y a un científico? Por supuesto que sí; pero todo depende de la vocación constructiva de ambos, de los temas acerca de los cuales van a debatir y, sobre todo, de que ninguno de los dos intente ser el otro.

Mi sesión era la última de un intenso evento de dos días repleto de ponencias y debates con los altibajos característicos de este tipo de encuentros. La sesión se titulaba «Mirando al futuro» y cada uno de nosotros expuso su particular visión del asunto. Éramos tres científicos (Miguel Alcubierre, Susana Marcos y yo), un periodista de divulgación científica (Peré Estupinyá) y un tal José Luis Cordeiro. Este último personaje, haciendo gala de un humor barato, una retórica fácil y bastante demagogia, dedicó sus 21 minutos de «Mentes Brillantes» a vender humo; léase inmortalidad, telepatía, transferencia de la mente a un ordenador, rejuvenecimiento y todo tipo de cliché futurista. Como decía al comienzo del post, el problema no es que haya un payaso en el debate, el problema es que el payaso pretenda hacerse pasar por científico (o viceversa, que afortunadamente no fue el caso). Muchas de las cosas que planteaba eran extrapolaciones peligrosamente exageradas de resultados científicos recientes; el resto, eran simplemente estupideces. En un momento del debate estuve a punto de intervenir porque ya no soportaba la cantidad de sandeces que estaba diciendo nuestro payaso pero justo en ese momento recordé las sabias palabras de mi abuela «Nunca discutas con un imbécil, podrían no notar la diferencia». Y suerte que le hice caso, porque no sólo me habría hecho quedar en ridículo sino que probablemente habría manipulado mi argumentación para reforzar su discurso. Los científicos (y yo particularmente) somos lentos de reacción cuando se nos saca de nuestro registro; y el payaso lo sabe. Tan lento soy, que escribo todo esto un día después de que todo aquello acabase (y lo publico varios años más tarde). 

Peré reaccionó en contra de lo que decía el payaso con argumentos impecables; el problema quizás fue que sólo eran eso, «sólo» eran argumentos. El mayor dilema en un debate entre un payaso y un científico es en qué registro se entabla ese debate. Si el registro es científico, entonces pierde el payaso; pero si el registro es grotesco y vulgar, entonces pierde el científico (diga lo que diga y argumente como argumente). Y este tipo de payasos suelen ser muy hábiles y logran imponer su propio registro. Conclusión: el público queda deslumbrado por un par de gags y no hay argumentación que pueda contra eso; el deslumbramiento anula la capacidad crítica. ¿Cuál es la solución entonces? ¿Dejar que los payasos hablen y hablen? ¿Responder? ¿Callar? Honestamente, no lo sé… Pero deberíamos comenzar a tenerlo claro porque en estos tiempos que corren los vendedores de humo comienzan a copar todos los debates (y no me refiero sólo a los debates científicos).


PD1: Un tiempo después de este congreso, me crucé con una nota en El País que desenmascaraba a nuestro payaso de turno. Se mencionaban allí sus títulos falsos y sus no-afiliaciones a muchas de las importantes universidades a las que decía pertenecer. Al final, es exactamente esto lo que podemos hacer, desenmascarar a los charlatanes. 

PD2: Me encantaría participar en un debate con un payaso (de los de verdad) en el que ninguno de los dos intente ser el otro y en el que podamos construir juntos algo que ninguno de los dos hubiese podido hacer por su cuenta.

PD3: Por si tenéis curiosidad, podéis encontrar aquí la charla que di aquel día.

1 comment on “Vendedores de humo

  1. Rojas José Luis

    Lo leí del final hacía el comienzo , primer comentario . No me tomara en cuenta !!

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