Comunicación Neurociencia

Las trampas de la memoria

Llegas a una fiesta o a una reunión importante o a la presentación de un libro o a cualquier otro sitio y te presentan a un par de personas: Mr. Baker y Ms. Carpenter. Quieres recordar sus nombres porque quisieras hablar luego con ellas y queda mal, pero muy mal, empezar diciendo: “¿Cuál era su nombre?”. Haces el esfuerzo, te concentras y crees haber retenido sus nombres. Treinta segundos más tarde te presentan a otra persona, coges una copa o miras a alguien que acaba de llegar y sabes que ya te has olvidado para siempre de aquellos dos nombres.

No es para preocuparse; nos pasa a casi todos. Somos muy malos para recordar nombres. ¿Es un problema de memoria? ¿Por qué no recordamos los nombres y sí recordamos otras cosas? Hace unos meses leí un estudio (que ahora no puedo encontrar (o quizás es que no recuerdo dónde lo dejé)) acerca de la memoria que realmente me ha sorprendido (o al menos eso es lo que creo recordar). El estudio era muy sencillo; las conclusiones, muy impactantes. Había dos grupos de personas y a cada grupo se le dio una lista de palabras para que memorizaran. Ambos grupos tenían capacidades cognitivas similares, sin embargo la conclusión del estudio es tajante: Uno de los grupos recordó muchas más palabras que el otro. Hasta aquí no parece un gran experimento, ¿no? El punto crucial del experimento es que ambas listas de palabras eran iguales; se trataba de la misma lista.

Lista 1                         Lista 2

Baker                          Baker

Carpenter                    Carpenter

Fisher                          Fisher

—                                  —

¿Qué es lo que ocurrió entonces? ¿Había efectivamente diferencias entre los dos grupos? Lo único que cambiaba en cada grupo era la consigna. En un caso se les decía “Intente recordar esta lista de nombres” y en el otro “Intente recordar está lista de ocupaciones” (panadero, carpintero, pescador, etc.). A pesar de que las listas de palabras eran exactamente las mismas (y en el mismo orden), en el segundo caso la capacidad de memorizar más palabras aumenta substancialmente. ¿Por qué recordamos más palabras en un caso que en el otro? ¿Qué es lo que ocurre? Lo que este experimento demuestra es que nuestra memoria no es una cajonera donde guardamos ordenadamente palabras, imágenes o conceptos. Nuestra capacidad para recordar está asociada a la posibilidad que tengamos de asociar o integrar las nuevas palabras en una red semántica previa; es decir, en la medida en que podamos asignarles un significado. Los nombres propios los consideramos habitualmente como meras etiquetas y nos es por lo tanto mucho más difícil asignarles un significado e integrarlos en nuestra red semántica. En cambio las ocupaciones tienen asociadas imágenes, significados y otros elementos que nos permiten establecer una red con muchas más conexiones. Alguien me dice “fisher” (pescador) y lo veo inmediatamente; “veo” un pescador. Si ese mismo alguien me presenta a la señora Fisher, es muy probable que a los pocos minutos me haya olvidado su nombre.

Y les iba a contar algo más pero… ya se me olvidó. La memoria funciona de maneras extrañas y sutiles.

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Nací en Buenos Aires, Argentina. Me Doctoré en Física en la Universidad de Buenos Aires en 2001. Soy científico titular del Consejo Superior de Investigaciones Científicas y fundador y director del Programa Mestizajes, cuyo propósito es explorar y transitar las fronteras entre Arte, Ciencia y Humanidades. He publicado el libro de relatos "El otro lado" y soy co-autor de la obra de teatro "La entrevista / The interview". Web personal

6 comments on “Las trampas de la memoria

  1. Revelador. Muchas gracias. 🙂

  2. “Tus pensamientos más tempranos, restos de como vivías de pequeño en tu interior. Guardas sólo algunos recuerdos, elementos dispersos, breves destellos de reconocimiento que surgen inesperadamente en tí en momentos aleatorios: suscitados por algún olor, el tacto de algo, o la forma en que la luz recae sobre un objeto en el presente de la edad madura. Al menos piensas que recuerdas, te parece recordar, pero puede que no recuerdes en absoluto, o sólo rememores alguna evocación posterior de lo que crees que pensabas en aquel tiempo lejano que ya está casi perdido para siempre”

    Paul Auster en su “Informe del interior”….

    …tu post me ha hecho recordarlo.

    • Es impresionante! Gracias x compartirlo. Además, nos sirve para recordar que los escritores, los buenos escritores, se cuestionan en el fondo las mismas cosas que los científicos (o al revés). Porque en definitiva, toda reflexión artística o literaria suficientemente profunda es indistinguible de la interrogación científica. Un abrazo, G/

  3. Pingback: Las trampas de la memoria II | Arte, Literatura y Ciencia

  4. necesito ejercitar mi memoria a veces se me olvida donde dejo mi cellular en mi casa, y donde estaciono mi carro en el centro comercial 🙂 tengo 57 anos . . .

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