Epistemología Literatura y Ciencia

Metáfora y ciencia

La metáfora como elemento común de la ciencia y la poesía.

Las primeras lecturas suelen dejar en nosotros huellas indelebles, marcas, ideas que se instalarán en el inconsciente y que nos acompañarán de por vida. Probablemente el primer libro de ensayos que leí fue Uno y el universo, de Ernesto Sábato, hace ya muchos, muchos años. No noté entonces, no podía notarlo, que las ideas de ese libro se habían alojado en los rincones más recónditos de mi inconsciente, de modo que de tanto en tanto, el estímulo más insospechado (una palabra, un nombre, una canción, un olor) hacía que alguna de estas ideas emergiera a la conciencia.

Mientras buscaba material para escribir un post (que no es este) llegué por accidente, una vez más, al libro de Sábato. Hacía muchos años que no lo releía y comencé a hojearlo (y a olerlo). Las palabras (y los olores) desataron en mi mente una pequeña tormenta. No sólo iba recordando, como Funes, lo que había leído y cuándo lo había leído, sino que también me quedé sorprendido ante la evidencia de algo que no sospechaba. Muchas de aquellas ideas, leídas hace más de veinte años, son en gran medida las que hoy modelan mi discurso «mestizo». Tenía plena conciencia de la influencia de Sábato (y de Borges y de Cortázar, y de…) en mi vida y mis ideas, pero no imaginaba que fuera tan literal.

Una de esas ideas de Sábato que me sorprendí releyendo tiene que ver con el rol de la metáfora en la poesía y en la ciencia. Era algo de lo que no tenía registro consciente, pero que evidentemente ha jugado un papel importante en el desarrollo de las ideas que hoy defiendo. Os dejo con el texto de Sábato, titulado «Metáfora», que constituye para mí un excelente ejemplo de epistemología transdisciplinar al buscar en la metáfora un elemento común a la ciencia y la poesía.

Las metáforas son eficientes en la medida en que se alejan del objeto que aluden. La más cercana es la no-metáfora, la simple reproducción del objeto: «El pájaro es como el pájaro» es, desde luego, una proposición correctísima, hasta el punto que es inservible. La identidad da un efecto cero.

La metáfora es útil precisamente porque representa algo distinto. Pero no totalmente distinto; lo que quiere decir que hay un núcleo común, hundido y oculto por los atributos exteriores; y tanto más lejana es la metáfora, menor es el número de atributos comunes y más profundo es, por lo tanto, el núcleo idéntico. De ahí ese poder de alcanzar esencias profundas que tiene la poesía.

La metáfora es, quizá, un aspecto de la tendencia a identificar bajo la diversidad y tiende, en consecuencia, a la indiferencia y a la inmovilidad absoluta, puesto que el tiempo se revela por los cambios.

En la ciencia, esta tendencia metafórica se manifiesta en los principios de la causalidad y, sobre todo, en los de conservación de la masa y de la energía; ya los griegos se plantearon el problema de la permanencia de una substancia primordial por debajo del continuo mudar de los acontecimientos. El fuego de Heráclito es la metáfora del Universo entero.

Se ha argumentado repetidas veces que la metáfora tiene un valor psicológico, que actúa por deslumbramiento. Me parece, más bien, que tiene un valor ontológico, que actúa por alumbramiento de los estratos más profundos de la realidad.


 

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